En Honduras, la historia de Piedad Ochoa es un ejemplo de perseverancia, liderazgo y transformación. Originaria de La comunidad de Las Camelias en el Valle de Jamastrán, en el departamento de El Paraíso, Piedad se ha forjado un camino en el movimiento cooperativo desde muy joven, participando en patronatos, juntas de agua y distintas organizaciones comunitarias. Hoy, con orgullo, ha sido elegida como la primera presidenta de la Confederación Hondureña de Cooperativas (CHC), un logro que marca un hito en la representación de las mujeres en espacios tradicionalmente liderados por hombres.

Su camino no ha sido sencillo. Piedad reconoce que las mujeres enfrentan barreras adicionales para participar en espacios de liderazgo. Sin embargo, a través de procesos de formación, capacitaciones y experiencias acumuladas en distintas instancias, logró fortalecer sus habilidades y confianza.
Este reconocimiento no solo es fruto de su esfuerzo personal, sino también de la confianza de las cooperativas que integran la CHC, que vieron en ella la capacidad de representar dignamente al sector. Para Piedad, este nombramiento es más que un logro individual: es una oportunidad para inspirar a otras mujeres rurales y abrir el camino hacia una mayor participación femenina en el desarrollo local.
Este reconocimiento no solo es fruto de su esfuerzo personal, sino también de la confianza de las cooperativas que integran la CHC, que vieron en ella la capacidad de representar dignamente al sector. Para Piedad, este nombramiento es más que un logro individual: es una oportunidad para inspirar a otras mujeres rurales y abrir el camino hacia una mayor participación femenina en el desarrollo local.

Acción contra el Hambre, en el marco del Convenio de resiliencia climática liderado por mujeres y facilitado por el movimiento cooperativo centroamericano, ha acompañado a líderes como Piedad en su proceso de formación y fortalecimiento de capacidades. Estos espacios han contribuido a que mujeres de diferentes comunidades puedan asumir con seguridad cargos de liderazgo, demostrando que la resiliencia comunitaria también pasa por el empoderamiento femenino.

Con una visión clara, Piedad asume este reto con la convicción de que su presidencia no es solo personal, sino un compromiso con las cooperativas que representa. Su historia es un recordatorio de que el liderazgo de las mujeres es clave para avanzar hacia sociedades más justas, resilientes y sostenibles.

